Uso de traductores automáticos

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Hace unos días encontré esta frase en internet. Me llamó bastante la atención porque creo que algo así nos pasa a los lectores cuando leemos un texto mal traducido. 

Hoy en día es bastante común encontrar traducciones cuya lectura nos resulta extravagante y poco natural en nuestro idioma. Sobre todo ocurre en etiquetas de productos o manuales de instrucciones porque el texto debe ser traducido a varios idiomas y las marcas y fabricantes prefieren ahorrar costes y hacer uso de traductores automáticos. En la mayoría de los casos, el resultado puede ser bastante absurdo y hasta divertido. En este enlace encontrarás algunos ejemplos.

Es cierto que en los últimos años los traductores automáticos han mejorado bastante sus prestaciones y pueden ofrecernos soluciones medianamente decentes en algunas combinaciones de idiomas siempre y cuando las frases sean cortas y sencillas gramaticalmente. Podríamos usarlos, por ejemplo, para hacer una primera apreciación del texto a traducir o elaborar un borrador para uso interno. En estos casos, siempre será recomendable que el texto meta sea nuestra lengua materna. Solo así podremos detectar fácilmente errores gramaticales, incongruencias o frases incomprensibles para un lector nativo.

Debemos tener especial cuidado cuando usamos traductores automáticos para traducir textos publicitarios. En este tipo de textos es muy común utilizar referencias culturales, recurrir a la ironía, hacer juegos de palabras, etc. Un TA nos facilitará una traducción literal, hecha palabra por palabra. Esto supone que la verdadera función del texto, que casi siempre será la de sorprender al lector, se pierda, porque la estructura e intencionalidad del texto original no encajará en la lengua destino.

Tampoco es recomendable su uso en traducciones de documentos oficiales o corporativos. La primera razón es que los traductores automáticos online no garantizan la confidencialidad de los datos que se vuelcan en ellos. El segundo motivo es que son textos que deben ser traducidos con el máximo rigor para no caer en falsos sentidos o imprecisiones terminológicas que pudieran derivar en consecuencias legales.

Está claro que la tecnología brinda en el campo de la traducción nuevas facilidades e, indudablemente, se ha convertido en un recurso útil para traductores y usuarios de la lengua. Sin embargo, debemos tener claro que, al igual que los diccionarios, constituyen una herramienta de apoyo para el traductor y que, al menos por el momento, no ha logrado sustituirlo.

Por último, si les ha resultado interesante este tema, les recomiendo que visiten la entrada en el blog  de Scheherezade Surià, En la luna de Babel.

¡Hasta la próxima!

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